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Algo sobre mi...

Nací en Tuxtla, Gutiérrez, Chiapas, una tierra de belleza exuberante, de selva y maderas preciosas, de cascadas y lagunas de un azul indescriptible, donde el aire y el cielo son limpios como el alma ingenua de la raza indígena, que huele a verdor y a café. Una tierra que merece ser amada y tratada con delicadeza y que como a menudo sucede con los seres que nos brindan su amor y calor, no son valoradas suficiente.

El destino había dispuesto para mi, otro lugar de belleza sin igual: Acapulco. Es aquí donde he pasado la mayor parte de mi vida. El agua del mar que baña las costas de Guerrero es tan cálida como un hermoso recuerdo, aquí las palmeras mecidas por el viento, te cuentan su secreto. El Creador, cada tarde, manda al sol derramarse en el celaje y a la luna que deslumbre y enamore. Esta tierra sabe a coco y mango, a guitarra y poesía.



Las Cerezas

Me gustan las cerezas porque aún antes de probarlas, ofrecen a mis ojos su sabor y a mi paladar la brillantez de ese rojo casi cristalino. Me gustan por su gracia y elegancia. Simbolizan el toque final y me recuerdan la delicadeza con que fueron pensadas.

Me encanta encontrarlas en casi todo. He descubierto personas que son como cerezas: traen la alegría, la paz ó la esperanza, (ponga usted aquí el adjetivo que desee), superan aquello que hace tanta falta: un buen consejo o simplemente un abrazo.
Suelo disfrutar aquella deliciosamente oculta en un verso. Me encanta hallarlas a simple vista, en lo sencillo y compartir la sonrisa que me provocan día a día.